Mi primer atardecer en la playa de Máncora
Nunca borraré de mi memoria el primer atardecer que viví en la Playa de Máncora. Después de un largo viaje me acosté en la dorada arena para descansar, el tiempo había pasado en un abrir y cerrar de ojos, al levantarme con todas mis fuerzas, se poso en mis ojos un deslumbrante atardecer como si estuviera pintado en el cielo y entendí porque los viajeros regresan a este destino. Caminé hasta encontrar un restaurante con una temática tropical y probé el famoso ceviche, mi lengua pedía deleitarse con toda la comida que veía. Y así comenzó mi pasión por el norte peruano.
Descansé plácidamente en un bungalow frente al mar, al día siguiente experimente el surf por primera vez, fue un reto poder montar la tabla de surfear y me animé a subirme en una moto acuática fue demasiado emocionante. Más tarde me dirigí a una fiesta de playa, donde observé un concierto con orquestas propias de la provincia fue algo juvenil y mágico.
Me fui después de 1 semana completa, pero antes de irme compré recuerdos artesanales para mantener vivo este viaje que me hizo desconectarme del mundo.

